Carmen Amoraga sobre Diverses

Carmen-Amoraga

 

Que la belleza de las cosas está en el espíritu de quien las contempla es mucho más que una frase pronunciada con acierto por David Hume, siglos atrás. Es una manera de estar en el mundo. Es una manera de mirarlo, el mundo. De habitarlo. De ver la verdad que se esconde tras lo que no se dice, lo que no se muestra, lo que no aparece en los periódicos.
Las sesenta y seis fotografías que forman esta exposición son la prueba evidente de que la belleza está en los ojos de once mujeres y en la mirada de otras tantas.
Once mujeres que han abierto la venta de las vidas de otras once que las han dejado abrir, de par en par, para que podamos ver su auténtica, arrebatadora, valiente y generosa belleza.
Esta es, pues, la vida de once mujeres vista a través de los ojos de Raquel Abulaila, Consuelo Chambó, Emma Ferrer, Marga Ferrer, Eva Máñez, Irene Marsilla, Provi Morillas, Eva Ripoll, Amparo Simó, Almudena Torres y Mónica Torres.
Ellas nos enseñan a once mujeres que son artistas, deportistas, transportistas, agricultoras, dentistas, estudiantes, madres, hijas, luchadoras, valientes, y que han dejado que otras once mujeres las acompañen mientras tocan sus instrumentos, mientras conducen su camión, mientras cultivan sus campos, mientras ayudan a otras personas, mientras reivindican su diversidad, mientras reclaman sus derechos, que son los de todos. Mientras convierten en extraordinario lo ordinario, mientras le dan la vuelta a la tortilla de la información que hace justo lo contrario y trata de convencernos de que lo que aparece en los periódicos es lo habitual. Y no.
Probablemente no veremos en los diarios a Maleni cuando va a la Universidad. Tampoco a Elena cuando trabaja para los que más lo necesitan. Ni a Begoña en su camión ni a Rosa, arañando las entrañas de su tierra. Ni a Aïssatou en su lucha. Ni a Paca en su generosidad. A Paula, a Fide, a Esther, a Elvira, a Maider quizá las encontremos, algún día, en cualquier medio de comunicación tratando de parar
injusticias, o de reclamar visibilidad, o mostrando su alma a través del alma de su violín. Pero, aún así, no hemos visto su grandeza.
Hasta ahora.
Porque, como dejó escrito la poetisa Emily Dickinson, ignoramos nuestra verdadera altura hasta que nos ponemos en pie. Y eso es lo que han hecho estas once mujeres dejándose ver a través de las miradas de otras once mujeres. Ponerse en pie. Dejar que las miremos. Que veamos toda su inmensa, y diversa, belleza.

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